El Samsara

Al despertar Manuel, por su despertador que avisaba la hora a la que tenía que despertar para ir al colegio a tiempo, se sentía extraño, casi como un recién nacido, miro su cuerpo ¡Era un Lagarto! Tan grande como un dragón de cómodo, con una gran cola y cuatro patas con ulas que medían más o menos 15 cm y gracias a las robustas piernas que tenía consiguió moverse y ponerse de pie


Justo en ese momento recordó su antiguo yo, recordando a sus amigos, las maldades que él hacía y el juego que jugó antes de este desastre que se llamaba, el Samsara, que trataba de deshacer el Samsara, pero cuando estaba reviviendo ese recuerdo, sonaron dos golpes en la puerta de su habitación y en sintonía la voz de su madre gritando que se despertara entró directa hacia la cama pero al mirar el suelo se desmayó en un instante,

Manuel vio a su madre caer y estrellarse contra la ventana, él pensó que nunca más podría hablar con su familia ni con sus amigos.

Y su objetivo principal deshacer el Samsara, que cambió su vida por completo


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